01 Jul Evite errores contables al instalar nueva maquinaria en su empresa
Cuando una empresa realiza una inversión importante, es habitual que surjan gastos adicionales asociados a la instalación, reorganización de la producción o adaptación de las instalaciones. Sin embargo, no todos estos desembolsos pueden incorporarse al valor del inmovilizado. Distinguir correctamente entre gasto del ejercicio y mayor valor del activo resulta esencial para evitar errores contables.
Cuando una empresa adquiere un nuevo elemento del inmovilizado material, una de las dudas más habituales consiste en determinar qué costes pueden incorporarse al precio de adquisición y cuáles, por el contrario, deben reconocerse directamente como gasto del ejercicio.
La cuestión no es menor. Una incorrecta activación de gastos puede alterar significativamente el resultado contable del ejercicio y afectar tanto a la imagen fiel de las cuentas anuales como a la fiscalidad de la empresa.
Como regla general, únicamente pueden formar parte del coste del inmovilizado aquellos desembolsos directamente relacionados con la adquisición, instalación y puesta en condiciones de funcionamiento del activo.
Todo lo demás deberá analizarse con especial cautela.
El criterio fundamental es la relación directa con la puesta en funcionamiento
El Plan General de Contabilidad establece que el precio de adquisición del inmovilizado incluye no sólo el importe pagado al proveedor, sino también todos aquellos gastos adicionales necesarios para que el activo pueda funcionar en las condiciones previstas por la empresa.
Dentro de esta categoría suelen incluirse, entre otros, el transporte, la instalación, el montaje, los seguros asociados al traslado, los aranceles o determinadas obras necesarias para su implantación.
La clave radica en determinar si el desembolso resulta imprescindible para que el nuevo activo pueda comenzar a operar.
Si la respuesta es negativa, difícilmente podrá activarse.
- Atención. No todos los costes asociados temporalmente a una inversión forman parte del inmovilizado. La empresa debe poder justificar la relación directa entre el gasto y la puesta en funcionamiento del activo. Una interpretación excesivamente amplia puede provocar ajustes en una eventual revisión contable o fiscal.
Los costes derivados de reorganizar la producción suelen ser gasto
Con frecuencia, la instalación de una nueva máquina obliga a reorganizar temporalmente el proceso productivo. Puede ser necesario trasladar equipos existentes, modificar líneas de fabricación o incluso externalizar parte de la producción mientras duran los trabajos de instalación. Aunque estos costes tengan su origen en la inversión, ello no implica automáticamente que puedan incorporarse al valor del nuevo activo.
El hecho de que un desembolso se produzca simultáneamente a una inversión no significa que exista una relación directa con la puesta en funcionamiento de la misma.
En términos generales, los gastos derivados de mantener la actividad productiva durante el período de adaptación suelen reconocerse como gasto del ejercicio.
- Atención. La necesidad empresarial de seguir produciendo no convierte automáticamente un coste en activable. Los gastos destinados a mantener la producción ordinaria suelen registrarse en pérdidas y ganancias. Conviene documentar adecuadamente la naturaleza de cada desembolso.
El ICAC rechaza capitalizar determinados costes de subcontratación
Un ejemplo reciente lo encontramos en la Consulta 2 del BOICAC nº 145, de marzo de 2026.
En el supuesto analizado, una empresa adquiría una nueva máquina y, para instalarla, debía trasladar otra máquina existente a una nueva ubicación dentro de la fábrica. Durante el tiempo necesario para efectuar dicho traslado, la sociedad se veía obligada a subcontratar temporalmente los trabajos que realizaba la máquina desplazada.
La empresa planteó si estos costes de subcontratación, o al menos el sobrecoste generado respecto a la producción interna habitual, podían incorporarse al valor de la nueva máquina.
El ICAC concluyó que no. La razón es sencilla. Los trabajos subcontratados no resultaban necesarios para que la nueva máquina pudiera funcionar. Su finalidad era permitir que la empresa continuara desarrollando su actividad productiva durante el período de reorganización interna.
Por tanto, dichos importes debían reconocerse como gasto y no como mayor valor del inmovilizado.
Este criterio pone de manifiesto que la existencia de una relación indirecta entre el gasto y la inversión no resulta suficiente para justificar su activación.
- Atención. Los costes destinados a evitar interrupciones productivas normalmente no incrementan el valor del inmovilizado. Ni siquiera el eventual sobrecoste respecto a la producción interna puede activarse automáticamente. Antes de capitalizar un gasto extraordinario conviene analizar su verdadera finalidad económica.
¿En qué cuentas deben registrarse estos gastos?
Cuando los trabajos subcontratados forman parte del propio proceso productivo de la empresa, lo habitual será registrar el gasto en cuentas vinculadas a trabajos realizados por otras empresas dentro del subgrupo 60.
Por el contrario, si el servicio contratado no se integra directamente en el proceso de producción, lo normal será acudir a cuentas del subgrupo 62 relativas a servicios exteriores.
En cualquier caso, la naturaleza económica de la operación debe prevalecer sobre la simple denominación de la cuenta utilizada.